A diferencia del vampirismo más obvio de Blade II, Lovecraft explora aquí el horror de una herencia genética que transforma a los humanos en algo no-humano de forma lenta y abominable. Ambos exploran cómo la descendencia de una raza monstruosa se convierte en una amenaza interna y existencial, pero sin los tropos tradicionales de vampiros o licántropos, centrándose más en la corrupción física y mental.






















