Al igual que el viaje de Durrell por recoger especies, Saramago plantea un viaje geográfico imposible (la Península Ibérica se desprende de Europa) que se convierte en una aventura alegórica sobre la identidad y la conservación de un ecosistema único y aislado, en lugar de una simple narrativa de exploración. La conexión no es la fauna, sino la idea de un 'arca' territorial que navega con su carga de cultura y naturaleza.























