Mientras Cantor se enfoca en la creación de una teoría matemática del infinito, Poincaré ofrece una crítica más filosófica e intuicionista, cuestionando la validez de ciertas construcciones transfinitas y la posibilidad de acceder a ellas directamente. Ofrece una perspectiva contrastante y menos celebrada en la narrativa dominante de la teoría de conjuntos.























