Aunque no tiene un fantasma literal, la atmósfera de misterio, la obsesión arquitectónica y la figura de un personaje enclaustrado que controla una vasta red subterránea (en este caso, financiera) se asemejan al control de Erik sobre la Ópera de París. Se sale de las típicas recomendaciones de 'La maldición de Hill House' o 'El castillo de Otranto'.
















