Si bien Saramago explora la reescritura de la historia a través de la ficción y la identidad, Zweig se sumerge en cómo la mente humana reinterpreta y se aferra a la realidad a través de constructos internos (como el juego de ajedrez) bajo circunstancias extremas. Ambos libros, de formas muy diferentes, cuestionan la naturaleza de la realidad y la construcción del yo frente a narrativas impuestas, ya sean históricas o psicológicas.























