Aunque no aborda directamente el Antropoceno, Coccia ofrece una perspectiva radicalmente no antropocéntrica de la vida que resuena con la "vivacidad" de Weber. Al centralizar las plantas, que a menudo son figuras pasivas en las discusiones ambientales, este libro desafía nuestra comprensión habitual de la agencia y la interconexión en el planeta, alejándose de las recomendaciones más directas sobre ecología o posthumanismo.

















