Mientras Dieudonné explora las estructuras abstractas inherentes a las matemáticas, Hardy ofrece una defensa apasionada de la abstracción misma como el pináculo de la actividad intelectual, argumentando que la "inutilidad" de las matemáticas puras es su mayor gloria. Se conecta de manera no obvia al resaltar la filosofía subyacente a la construcción de esos espacios abstractos, más allá de la mera descripción técnica.























