Aunque superficialmente diferente, 'La vida, un manual de instrucciones' puede verse como una enorme máquina de estados finitos, donde cada capítulo y cada objeto son 'estados' y los movimientos de los personajes y sus interacciones son 'transiciones' gobernadas por un conjunto vasto y complejo de reglas implícitas imaginadas por el autor. Se analiza un sistema cerrado y sus componentes internos.


















