Mientras Arendt analiza la pérdida de la acción y el espacio público en sociedades totalitarias y de masas, Debord explora cómo la 'espectáculo' —la imaginería mediática y la mercancía— anula la capacidad de los individuos para una participación y percepción directa de la realidad, silenciando también la posibilidad de una 'vita activa' genuina a través de la pasividad del consumo.























