Aunque no habla directamente del gusto, Jullien comparte con Bourdieu una crítica profunda a los marcos culturales implícitos. Su análisis de la ambivalencia del conocimiento occidental como un saber 'desencadenado' que busca dominar todos los dominios (el arte, la vida, la naturaleza) conecta con la desnaturalización bourdieusiana de las jerarquías culturales, pero desde una perspectiva sinológica y filosófica mucho menos evidente.























