Al igual que la obra de Calvino, abandona la linealidad narrativa convencional en favor de un sistema taxonómico. Es una invitación a la arquitectura del saber imposible y a la reconstrucción de identidades a través del mito y la catalogación.

por Italo Calvino · 1972
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Marco Polo describe ciudades imaginarias al emperador Kublai Kan, cada una de las cuales se construye sobre una idea o un principio, revelando tanto sobre la naturaleza humana como sobre la posibilidad narrativa.
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Al igual que la obra de Calvino, abandona la linealidad narrativa convencional en favor de un sistema taxonómico. Es una invitación a la arquitectura del saber imposible y a la reconstrucción de identidades a través del mito y la catalogación.
Aunque parece una novela contemporánea convencional, utiliza la idea del mapa y la descripción geográfica para estructurar la intimidad de sus personajes. La conexión reside en utilizar el método del cartógrafo para diseccionar la complejidad de la experiencia humana.
Es la base filosófica sobre la que se asienta la curiosidad de Calvino por los sistemas que ordenan el cosmos. Comparten la convicción oculta de que detrás del caos aparente de las ciudades o los hombres, existe una geometría perfecta pero invisible que sustenta la existencia.
Ambos comparten una profunda fascinación platónica sobre si lo que percibimos es la realidad o apenas una sombra proyectada por un mecanismo invisible. La isla de Bioy funciona, como las ciudades de Calvino, como un contenedor metafísico donde el tiempo y la existencia han sido desplazados.
Su estructura fragmentaria y la brevedad de sus piezas resuenan con la forma en que Polo narra sus encuentros. Ambos autores practican la economía del lenguaje para revelar verdades universales a través de lo pequeño y aparentemente insignificante.
Captura la misma melancolía geométrica que impregna las descripciones de Calvino. Al igual que una ciudad invisible, cada individuo es un espacio cerrado cuya verdadera naturaleza solo puede ser inferida por alguien que observe desde un ángulo preciso.
Ambos libros exigen un lector activo que participe en la construcción del sentido a través de la fragmentación. La forma en que las ciudades de Calvino pueden leerse como un inventario disperso es el correlato modular de la experiencia de lectura no lineal que propone Cortázar.
Comparte con la obra de referencia la obsesión por la estructura narrativa como un ejercicio de diseño. Aunque es el mismo autor, la estructura de 'caja china' o 'laberinto de espejos' es la evolución técnica directa de la fragmentación temática vista en las ciudades.