Aunque es una picaresca canónica, "El Buscón" se diferencia del Lazarillo en su extremo cinismo y la amargura satírica. Mientras Lázaro busca sobrevivir y, finalmente, estabilidad (aunque cuestionable), Pablos persigue una quimérica hidalguía, cayendo en un ciclo de desdichas que superan la mera subsistencia. La crítica social es mucho más ácida y desesperanzada.





















