Aunque no es poesía, "La vida es sueño" comparte con el "Romancero del destierro" una profunda reflexión sobre la existencia, el encierro (físico y metafórico en Unamuno) y la búsqueda de sentido en circunstancias adversas. Ambos ahondan en la identidad del ser humano frente a un destino incierto o impuesto, pero Calderón lo hace a través del teatro y la introspección onírica, mientras que Unamuno lo vive en el exilio.























