Aunque una obra de ficción infantil, Carroll era un matemático. El libro juega con la lógica, la geometría (cambios de tamaño y perspectiva) y las paradojas de una manera que, sorprendentemente, resuena con la necesidad de reinterpretar el espacio y la estructura subyacente que también subyace a la geometría diferencial. No es una conexión temática directa, sino una exploración de los límites del pensamiento estructurado.























