Aunque superficialmente se alinea con la crítica a las exigencias digitales, Han aborda la muerte no como un evento sino como la incapacidad de cesar la actividad. La conexión no obvia radica en que, en lugar de la muerte física o digital, el texto reflexiona sobre la muerte del ocio, la contemplación y la resistencia ante un sistema que exige productividad infinita, una forma de morir en vida en la era del rendimiento, complementando la visión de Bifo sobre la 'muerte' de la subjetividad en el entorno digital.








