Mientras que Baricco utiliza la selva como metáfora de la creación y la invención, Ogawa se sumerge en la minucia de insectos y fenómenos biológicos con una precisión casi científica, pero con la misma capacidad de extraer maravilla y extrañeza de lo aparentemente simple. Ambos examinan la compleja belleza inherente a la naturaleza, aunque Baricco lo haga a través de la invención humana y Ogawa a través de la observación.























