Cassirer analiza cómo las estructuras de pensamiento (como el concepto de espacio) son fundamentales para nuestra comprensión fenomenológica. De manera no obvia, Berger y Luckmann extienden esta idea a cómo las 'realidades' sociales y conceptuales son construidas y validadas colectivamente, no como verdades intrínsecas, sino como productos de la interacción humana, resonando con la idea de Cassirer de que el espacio es una construcción conceptual activa.























