Mientras Flusser se enfoca en la evolución tecnológica de los medios y su impacto en la conciencia humana, Baudrillard, de forma menos directa pero igualmente profunda, examina cómo esta saturación mediática ha llevado a una 'pureza' sin contenido, donde el mensaje se consume a sí mismo. Ambos abordan la artificialidad de la realidad mediática, pero desde ángulos filosóficos distintos, y Baudrillard desde una perspectiva más crítica de la comunicación inmaculada que va más allá de la fenomenología flusseriana de los aparatos.























