Mientras Flusser explora cómo los medios técnicos reestructuran la comunicación y la subjetividad en la era posfotográfica, Debord ofrece una crítica previa pero complementaria al papel de la imagen y la mediación en la sociedad de consumo. Ambos abordan las implicaciones ontológicas y sociales de la comunicación, uno desde la tecnología y el otro desde la alienación capitalista, conectando la 'gestión' de la comunicación con la 'espectacularización' de la vida.























