Aunque Flusser y Debord abordan la comunicación desde ángulos diferentes, ambos analizan cómo la mediación tecnológica y visual altera nuestra percepción de la realidad y nuestras interacciones. Debord ofrece una crítica más política y económica del espectáculo, que sirve como un contrapunto no obvio a la visión de Flusser sobre los aparatos y el universo de las superficies.























