Aunque de no ficción, la prosa de Sebald comparte con Schulz una cualidad hipnótica y una capacidad única para evocar el pasado con una intensidad casi fantasmal. La forma en que Sebald entrelaza observaciones personales con la historia y la memoria, y su estilo melancólico y digresivo, crean una atmósfera que, aunque anclada en la realidad, tiene una resonancia onírica y una profundidad emocional similar a las evocaciones de Schulz sobre su mundo perdido.





















