Aunque 'Un mundo feliz' es una distopía conocida, su conexión con la obra de los Strugatski va más allá de la censura obvia. Ambos exploran cómo los sistemas (sea un comunismo burocrático o un hedonismo científico) pueden suprimir la individualidad y la búsqueda de significado, haciendo que los personajes se cuestionen la 'felicidad' impuesta y anhelen algo más auténtico, aunque doloroso. La crítica a la manipulación social sutil (en lugar de la represión abierta) en Strugatski resuena con la de Huxley.





















