Mientras Morin aboga por una educación que integre la complejidad y el pensamiento crítico, De la Vega ataca la raíz del problema al cuestionar la infalibilidad de la ciencia misma, forzando una reevaluación fundamental de lo que consideramos conocimiento válido en el aula y fuera de ella. Su enfoque, aunque más crítico, comparte el espíritu de desmantelar verdades preestablecidas.























