Aunque ambos autores critican la disolución de la realidad, Debord lo hace desde una perspectiva marxista y situacionista que precede a Baudrillard. Su crítica al espectáculo y la mercantilización de la vida cotidiana establece un precedente fascinante para la hiperrealidad, pero raramente se les asocia directamente en discusiones convencionales, pese a sus profundas resonancias.























