Ambas novelas se adentran en el mundo del crimen organizado en México, pero 'Fiesta en la madriguera' lo hace desde la voz singular de un niño. Esta perspectiva no solo desfamiliariza la brutalidad, sino que también subraya la absurdidad de la vida de los narcos, ofreciendo un contraste estilístico interesante con el posible tono más dramático de 'Sinaloa, mon aimée'.










