Mientras Eco busca una taxonomía y un marco para la semiótica, Derrida, a través de la deconstrucción, desafía la posibilidad misma de un significado fijo y la autonomía del signo, ofreciendo una perspectiva radicalmente diferente sobre la relación entre lenguaje y realidad que, aunque opuesta, complementa la preocupación de Eco por el signo.























