Mientras Ferguson deconstruye la primacía del dinero en la política, Hobsbawm ofrece una visión canónica pero profundamente matizada de cómo el capital y sus estructuras (bancos, ferrocarriles, etc.) no solo influyeron, sino que a menudo dictaron la evolución política y social en un período clave. Es no-obvio porque no se centra en una crítica directa, sino en una contextualización histórica densa que contrasta con la tesis central de Ferguson.





















