Mientras Dreyfus critica la cognición simbólica desencarnada, Berger y Luckmann ofrecen un punto de contraste al detallar cómo la realidad misma, que la cognición intenta aprehender, es intrínsecamente social y construida, sugiriendo una dimensión de 'arraigo' en la intersubjetividad humana que trasciende lo puramente físico pero desafía el procesamiento meramente computacional de la información.























