Aunque superficialmente diferente, 'El pabellón de oro' comparte con 'El maestro de esgrima' la exploración de un idealismo extremo y una pasión por la "perfección" (sea esta moral, estética o técnica) que se enfrenta a la corrupción o el paso del tiempo. Ambas obras presentan un protagonista que se aferra con desesperación a un código personal en un mundo que lo considera obsoleto, llevando sus convicciones a límites autodestructivos o, en el caso de Jaime Astarloa, a un final previsiblemente trágico.























