Mientras Kahneman y Tversky popularizaron los sesgos cognitivos, Simon fue pionero en la idea de que la racionalidad humana es inherentemente limitada. Aunque sus enfoques pueden parecer opuestos por el acento en la heurística satisfactoria frente a los sesgos, ambos confluyen en la crítica a la racionalidad económica clásica y en el estudio de cómo la cognición humana opera bajo restricciones, ofreciendo una perspectiva temprana y fundamental sobre las bases de las deficiencias del juicio intuitivo.




















