Mientras Wallerstein desglosa los sistemas mundiales economicopolíticos, Debord se enfoca en cómo la representación y las imágenes construyen un sistema de control y alienación en la modernidad tardía. Ambos exploran las fuerzas subyacentes que modelan la realidad social, pero desde lentes inesperadamente convergentes: el económico-político global vs. el cultural-medático hegemónico.























