Mientras que Schnitzler explora las profundidades del deseo reprimido y el adulterio como catalizadores de la introspección psicológica, Mishima ahonda en la destrucción como acto purificador frente a una belleza idealizada y opresiva, ambos autores abordan la imposibilidad de la realización personal frente a un ideal inalcanzable, aunque por caminos distintos.























