Aunque superficialmente "El elogio de la superficialidad" parece abrazar ciertos aspectos de la modernidad, y Debord condena la superficialidad como un síntoma de opresión, la conexión "nonobvious" reside en que ambos autores, desde polos opuestos, diagnostican una profunda transformación en la relación del individuo con la realidad y las apariencias en la sociedad contemporánea. Lipovetsky describe cómo se vive en esa superficialidad, mientras Debord la critica como una pérdida de autenticidad. Sin embargo, ambos reconocen su omnipresencia.























