Mientras Le Corbusier busca una proporción ideal basada en el cuerpo humano para el diseño, Focillon se adentra en la intrínseca vitalidad y autonomía de las formas, sugiriendo que la forma no es meramente una función o una proporción, sino una entidad viva con su propia lógica de desarrollo. Ambos exploran los principios subyacentes de la forma, pero Focillon lo hace desde una perspectiva más orgánica y filosófica, menos prescriptiva o utilitaria que Le Corbusier.























