Mientras Thompson desentraña las bases físico-matemáticas de las formas biológicas, Focillon amplía esta idea a las formas en el arte y más allá, sugiriendo una 'vida' inherente a la forma misma, más allá de su función o material. Ambos ven la forma como un principio fundamental, pero Focillon lo dota de una autonomía cultural y estética que complementa la visión científica de Thompson.





















