Mientras Quijano teoriza sobre la colonialidad del poder y del saber, O'Gorman ofrece un estudio histórico-filosófico que cuestiona la narrativa hegemónica de la modernidad desde su génesis, desafiando la idea de una América 'descubierta' y situándola como una creación ideológica occidental desde el inicio, complementando el análisis de Quijano sobre la colonialidad del ser y el conocer.























