Mientras Sontag se enfoca en la fotografía como un medio para capturar la realidad y sus implicaciones éticas y estéticas, González expande el debate sobre la representación visual hacia la pintura, examinando cómo la superficie del ojo, tanto físico como metafórico, moldea nuestra percepción. Ambas autoras abordan la relación entre imagen, memoria y verdad, pero desde medios distintos y con aproximaciones filosóficas que se complementan sin ser obvias, eludiendo la comparación directa con otros teóricos de la fotografía.























