Mientras que El benefactor explora la pasividad a través de la fantasía y la disociación, Un hombre que duerme se sumerge en una forma más existencial y deliberada de inacción. Ambos protagonistas rechazan la participación activa en sus vidas, pero Perec lo hace desde la quietud burocrática y el aislamiento físico, ofreciendo una perspectiva menos frenética pero igualmente profunda sobre la renuncia.























